Crónica Boogarins. Sala El Sol, Madrid

Boogarins El Sol

Texto: Mar de Miguel. Fotografía: Luis Miguel del Campo y Mar de Miguel.

El pasado miércoles 7 de septiembre asistimos a uno de esos conciertos que uno no puede perderse, la actuación del grupo brasileño Boogarins, precedido por los chileno-barceloneses The Zephyr Bones.

Esta es la tercera vez que el cuarteto goiano nos visita en España. Es esta ocasión y como parte de la gira “Desvío Onírico Ibérico”, el grupo actuó en diferentes ciudades de Portugal y España. Coimbra, Braga, Lisboa, Sevilla, Madrid, Barcelona, Oviedo y Santiago de Compostela han sido las ciudades marcadas para una cita en la que sin duda los únicos arrepentidos serían los que no acudieran.

De obligado cumplimiento para todos los miembros de este medio, en tropa acudimos a la sala El Sol de Madrid y no nos movimos ni un ápice de la primerísima fila. Y así desde nuestra perspectiva en primera línea os traemos esta crónica de lo que vimos y escuchamos.

The Zephyr Bones


The Zephyr Bones

The Zephyr Bones, fueron sin duda la gran sorpresa de la noche. Bajo la tutela del sello barcelonés La Castanya, este cuarteto medio chileno-medio catalán a caballo entre el lo fi, el psico pop y el garaje surf, dejó un muy buen sabor de boca en todos los presentes.

El grupo tiene innumerables registros, tanto en voces, con el trabajo de sus dos vocalistas, como en sonoridad y estilo. Combinan varios géneros con un repertorio que aun siendo por el momento corto, es muy variado y trae la frescura de la costa y la música que está de moda al sur de California. Aires del Pacífico que sin duda los aporta ese componente chileno tan exótico. Me gustó mucho su dominio de la reverberación, en la medida justa, y un lo fi que paradójicamente tiene una calidad excelente.

En directo The Zephyr Bones tienen presencia, una imagen impecable, encanto, y conocimiento para ganarse al público. Su concierto creció por momentos, y aunque son tremendamente sencillos, la modestia de todos sus componentes no pudo enmascarar que lo que teníamos ante nosotros será con el tiempo un gran grupo. Ojo clínico el de  La Castanya para este cuarteto, y acierto también la elección del mismo para abrir a Boogarins.

Boogarins


Boogarins El Sol

Ver de nuevo al grupo brasileño Boogarins después del concierto que dieron en la capital en noviembre de 2015, es como presenciar el paso de la etapa rosa picassiana a la cubista. Los que tuvimos la suerte de asistir a ambos conciertos, el de noviembre y este último en la sala El Sol de Madrid, hemos notado el importante giro que ha dado esta banda en los últimos meses. La armoniosa psicodelia de Boogarins ha dado paso a un periodo experimental en el que el grupo distorsiona su propio sonido, para modificar los tempos y jugar con todo tipo de estímulos acústicos.

Boogarins abre así la puerta a las incógnitas de lo que vendrá en el futuro, cuando se la jueguen en su tercer trabajo. Cierto es que los segundos álbumes suelen ser los más difíciles, pero en el caso del grupo goiano, su “Manual Ou Guia Livre De Dissolução Dos Sonhos” fue más un debut que un sophomore y será en su siguiente álbum donde los bogarinhos asienten o no su reciente fama.

El concierto empezó con la sala caldeada por los teloneros y un lleno prácticamente absoluto. Todos esperábamos impacientes las primeras notas, y éstas llegaron con una breve prueba de sonido que fue adquiriendo ritmo y se fue tornando música.

Enseguida vino “Tempo”, canción que ha ido adquiriendo fuerza en todas las actuaciones de la banda y que Dinho ha convertido en una caza al ratón en la que la duración de los silencios hace adelantarse a los que intentamos corearla, y no hay manera de cantarla con él. Solo él sabe cuando va a reanudar la melodía y el placer de vernos intentarlo, no lo puede disimular en su rostro, en el que se esboza esa gran sonrisa que le ha dado la naturaleza.

No se hizo esperar “600 Dias” el single más representativo de la banda, con “Lucifernandis”, que dejaron para el final. Sin embargo, es en la interpretación de este tema en el que pudimos apreciar otro cambio en la banda, el de la equidad de roles y la desaparición de líderes. El nuevo reparto de pesos ha quitado protagonismo tanto al buen hacer de Benke a la guitarra, y que yo personalmente eché mucho en falta, como a la visible genialidad de la voz de Dinho. Ese Boogarins de sonoridad bossa del tema “Cuerdo” ha renunciado a sus influencias iniciales para aparecer muy distorsionado, y jugar con lo experimental. Esta canción fue además aligerada en graves, perdiendo el carácter tan lúgubre que tiene la versión de estudio.

Pero donde perdemos algo de Dinho y algo de Benke, ganamos con algo más de Ynaiã Benthroldo, quien dispuesto en pleno centro del escenario nos dio una clase magistral de batería, con un derroche de energía que ríanse ustedes de los ironman esos que corren, nadan y van en bici, porque a Ynaiã solo le faltó elevarse en las alturas con baquetas y todo ¡Jesús! ¡Qué conciertazo dio esa bestia parda!

Ya solo esperamos que Raphael salga de su letargo y se le pegue algo, que aunque más predispuesto que en noviembre, este componente de la banda aun tiene que soltarse la melena. En todo caso es un buen instrumentista, y estamos seguros que poco a poco saldrá de su crisálida. No todas las personas evolucionan en una banda de la misma manera, y algunos son simplemente más tranquilos.

En resumen, que los brasileños dieron un gran concierto, muy distinto al de noviembre, pero con ese sello de calidad Boogarins que los hace únicos. ¡D.O. Boogarins!